Lecciones tras un duro viaje

Dicen que de todo se aprende. Dicen que uno no se da cuenta de lo que tenía hasta que lo pierde. Dicen que cada día es un regalo. Dicen muchas cosas. Algunas ciertas. Otras no. Pero hay algo que todo el mundo dice y en lo que todo el mundo coincide: Que lo importante es ser feliz. Y no hay más. Es una máxima universal. El santo grial del ser humano, el objetivo de todos y cada uno de nosotros y por lo que toda persona pelea y lucha a diario.

 

Y dicen que hay experiencias que te cambian, que cambian tu forma de ver la vida, de ver tus errores pasados, de ver tu futuro, los errores que no quieres cometer y de ver a la gente que te rodeaba y te rodea. Esas experiencias te sitúan en un plano elevado en el que lo ves todo con claridad y perspectiva y es ahí cuando todo parece aclararse. Y es ahí cuando debes saber sacar cosas en claro, lecciones de vida. Lecciones que yo, después de casi cuatro meses lejos de mi familia y amigos privado de muchísimas cosas, emociones y momentos, no quiero ni puedo dejar en el olvido y que por eso las plasmo en este pequeño rinconcito mío:

 

Valora. Recapacita. Aprende. Aprende de tus errores porque algún día será demasiado tarde y sólo te quedará arrepentirte. Valora el momento, la persona, el lugar, el gesto, la compañía, el entorno. Valora cada centésima de segundo, cada palmo de terreno, cada trozo de pan. Saboréalo todo.
¿Por qué? Porque un día te viste privado de esas personas, de esos momentos, de esos gestos y entonces te diste cuenta de lo importante que eran, lo bonitos que eran y lo importante que eran para ti aunque tú no supieras valorarlo cuando los tenías al alcance de la mano. Perdiste todo eso durante más tres meses. Ahora DEBES valorarlo porque la vida te ha dado tiempo aún para hacerlo.

Reparte bien tu tiempo. Dale prioridad a las personas, no a ti mismo. Dale prioridad a la compañía, no a tu soledad. Dale prioridad a esas pequeñas cosas que te parecían tan grandes cuando no las tenías. Valora esas cosas pequeñas que tanto llegaste a echar de menos.
Di lo que sientes cada día. No te guardes lo que sientes por los demás. Puede que algún día no puedas decirles lo que sientes. No vivas cada día como si fuera el último, vive cada día como si nunca antes lo hubieras vivido de esa manera.
Dale una tregua a tus emociones, a tus sensaciones. Dale una tregua a tu esperanza para ser feliz. Dale una tregua a tu energía por ser positivo y no verlo todo negro.
Preocúpate por la gente. Por cómo están, por qué les pasa. Ponte en su lugar.
Sé agradecido. Has estado a 8.000 kms y la gente te ha apoyado, se ha puesto en tu lugar y te ha intentado levantar el ánimo. Antes de irte te han despedido y te han deseado lo mejor. Devuelve ese apoyo. Da las gracias.
Date unas vacaciones. Sal, compra, camina, bebe, come, observa, respira… Despreocúpate del calendario, del mañana, de tus preocupaciones. Fomenta la creación de buenos momentos, de buenos recuerdos.
Déjate llevar. Sé impulsivo. Párale los pies a tu yo racional. No pongas el ‘no’ por delante. No pienses tanto. Actúa. Deja que la vida te sorprenda, deja que las personas te sorprendan, deja que la vida te sorprenda. Arriésgate.
Sonríe. Sonríe. Sonríe. Y si crees que no tienes motivos para hacerlo, mira a tu alrededor, echa la vista atrás y entonces serás capaz de hacerlo.

Mira lo que tienes cerca, mira a quién tienes cerca. Y piensa que durante meses eras infeliz porque no tenías nada de eso cerca. Sonríe. Entrena tu sonrisa, más que tu cuerpo. Sonríe.
Disfruta. Disfruta haciendo cosas. No te pierdas en la rutina. No hagas las cosas por obligación, hazlas porque te guste hacerlas. Sé flexible.

Pero sobre todo, intenta ser feliz…

leccion



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