Como una tortuga que echa la vista atrás

Hace unos años escribí este post que hoy me vino a la mente. En él hablaba de cómo la crisis había afectado a los relevos de responsabilidades que se dan entre las diferentes generaciones.

Por entonces tenía 31 años. Hoy tengo 34. Miro a mi alrededor y me miro a mi en relación a mi trayectoria vital y nada en absoluto ha cambiado. Es una sensación devastadora. Echas la vista atrás y compruebas con rabia y tristeza que, por mucho que lo has intentado, que por mucho que has peleado, sigues en el mismo punto en el que estabas. Te sientes como una tortuga a la que de repente le da por mirar hacia atrás y es consciente de su lentitud y de lo poco que se ha acercado a su objetivo y de lo poco que se ha alejado de su punto de partida.

El ser humano se mueve por objetivos, por motivaciones. Sin eso tan sólo vagamos en línea recta. Te mueves, caminas y avanzas hacia algo. Puede que no sepas el qué con total certeza, pero sigues avanzando. Sales de la guardería y avanzas hacia el colegio. Sales del colegio y avanzas hacia la universidad. Sales de la universidad y avanzas hacia un trabajo. Y gracias a ese trabajo empiezas a intentar avanzar hacia otros terrenos. Hay gente que se compra una casa. Hay gente que se casa. Hay gente que se compra un coche. Hay gente que no hace nada de todo esto y tan sólo sigue avanzando en la búsqueda de algo. Pero no te paras.

La vida es cambio y atravesamos tal multitud de cambios vitales que llegas a pensar que has vivido 7 vidas diferentes y has tenido 7 personalidades diferentes. Pero no. Ha sido sólo una. Y en esa única vida no has dejado de ser tú. No has dejado de guiarte por tus valores y experiencias. La vida misma y tus experiencias simplemente han ido moldeando lo que eres ahora y lo que, a final del camino, llegarás a ser.

Lo malo es cuando de repente esa evolución parece detenerse. Miras atrás, miras a tu alrededor ahora y te ves igual, anclado, como detenido ante un semáforo que nunca se pone en rojo para avanzar. Te ves lamentándote por el tiempo que ha pasado, por los errores cometidos, por los retos perdidos, por las personas desaparecidas…

Sientes el paso del tiempo como una losa de mármol y una presión inusitada por no dejar que se te escape más. Y te motivas de nuevo para no perder más tiempo. Y le pides tiempo al tiempo. Pero el tiempo no se detiene por nadie.

 

Protágoras escribió “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en cuanto que no son”.

Anuncios


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s